FRUTAS PREPARADAS
El isleño que vivía en el ámbito rural, dedicado a las labores de labranza y pastoreo, se las tuvo que ingeniar en épocas de carestías, tal y como pasó en la posguerra, para sobrevivir de los productos que le proporcionaba su entorno.
El nivel de vida y el relativo aislamiento de la población rural, hacía que se aprovechara todo tipo de frutas, conservarlas de la mejor manera posible para tener así, qué comer durante el invierno.
En el interior de la Isla había variedad de frutas como: las ciruelas, las peras, los tunos o los higos, los cuales eran tan conocidos y usados como lo fue el gofio. Y es que era un aporte calórico de vital importancia en la escasa dieta del canario de la época.
En el sur de la Isla contaban también con otro producto que era muy apreciado en su momento, y que aún se sigue comiendo, las aceitunas, que se podían comer con mojo, o bien usarlas para hacer aceite en alguno de los molinos que había en Santa Lucía o en Temisas.