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Introducción

En la actualidad, hay una asociación de ideas muy común en nuestra sociedad, al asimilar la música y la danza tradicional con la palabra folclore, pero en realidad esa palabra contiene un significado mayor.

Su definición etimológica es clara; procede de las palabras folk, que es pueblo, y lore que es el conjunto de costumbres y creencias. Por lo tanto, el folclore es el conjunto de creencias, costumbres y tradiciones propias de un pueblo, y no se puede reducir su ámbito de estudio al aspecto musical.

Algunos musicólogos afirman que el folclore musical canario es el fruto de la mezcla entre la música percusionista aborigen, los sonidos peninsulares, entre los que incluimos también a los portugueses, llegados con la Conquista y Colonización, y la posterior aportación de los acordes caribeños traídos por los emigrantes canarios a su regreso de América.

El repertorio musical propio de Canarias es el fruto de esa primera mezcla de culturas, a la que habrá que añadir, posteriormente, las influencias generadas por los comerciantes genoveses, judíos, flamencos y británicos, dada la progresiva introducción de géneros, los cuales irán absorbiendo los primitivos sonidos y bailes de los indígenas, produciéndose así, el fenómeno de la sincretización neolítica-renacentista, que es, prácticamente un caso único, en la Historia de la Musicología; y por todo esto hay que considerar como nuestro, todo aquello que ha entrado a formar parte de la cultura popular de la Isla en los últimos seis siglos.

Durante los siglos XIX y XX, se sigue recibiendo en las Islas la influencia musical de lugares tan lejanos de Canarias como Centroeuropa y Latinoamérica, contribuyendo de manera especial, a las peculiaridades de la Isla en este terreno. De esta época son los valses, polkas, mazurcas o berlinas, los cuales tenían un soporte instrumental de cuerdas (guitarra, timple, laúd o violínes, entre otros), y que hoy son parte de la tradición musical de la Isla.

De Latinoamérica arribaron hasta nuestra Isla otra gama de ritmos que con el tiempo se fusionaron perfectamente con algunos de los ya conocidos, y pasaron a formar parte, de la cultura de este pueblo. Un ejemplo son las habaneras, las décimas, los puntos cubanos, los boleros, etc. Y junto con estos nuevos géneros musicales, se importaron también, desde América, algunos de los instrumentos, con los que se articulaba esta música.

En los años cuarenta y cincuenta, del siglo XX, la Sección Femenina, creada en la postguerra civil española, también va a tener un especial protagonismo en la conformación de la estructura de muchos grupos folclóricos de la Isla. Se van a "inspirar" en los bailes de principio del siglo XX, y a partir de ahí promoverán la realización de coreografías, donde los pasos y figuras de los bailes quedaban reglados, de tal forma, que se consigue una mayor vistosidad, aunque eso supusiera apartarse de la forma tradicional de bailar de nuestros mayores.

La Sección Femenina instauró un concurso anual, de agrupaciones folclóricas, en el que participaba un grupo de cada municipio de Gran Canaria, realizado en el Teatro Pérez Galdós. Esto suponía que, gradualmente, los bailes se fueron desvirtuando, porque a pesar de que pudieran estar inspirados en la música tradicional, en ellos había un fuerte componente de nueva creación, puesto que el objetivo era ganar el concurso, lo cual era motivo de orgullo para la mayoría de los municipios, aunque para ello se expusiera un baile en el que primara más la estética que la fidelidad a la tradición.

En la década de los años sesenta se comienza a gestar otro fenómeno, la proliferación de grupos estables, de características similares, que contribuirán de una manera especial a la tarea de ir despertando el interés del gran público, por la música tradicional. Unido a la aparición en TV de programas como Tenderete, popularizaron el interés por esta música.

Un ejemplo de este tipo de música es la que hacían los Sabandeños en Tenerife, que junto con los Gofiones en Gran Canaria, han marcado un hito en la historia musical de las Islas.

En el corto espacio de diez años, este tipo de grupos se duplica, generando una oferta musical en línea con el fenómeno de los Sabandeños, donde hay una gran riqueza coral, de voces masculinas, e instrumental, puesto que han ido introduciendo nuevos sonidos en sus repertorios.

Un dato a tener en cuenta es la notable ausencia de las mujeres en este territorio, cosa que afortunadamente ha cambiando radicalmente con el paso de los años.

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